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9 meses y 7 días después: el desenlace del parto de El Nuevo

Pues en estas estábamos, con contracciones frecuentes, aunque aún algo distanciadas entre sí pero aumentando en duración, que había empezado a controlar con una aplicación para el móvil. La última que había tenido, a las 23.25 subió bastante en intensidad y duración con respecto a la anterior. En cualquier caso, al espaciarse 6 minutos pues me daba tiempo a recuperarme perfectamente.

A continuación tuve una “normalita” y otros 6 minutos después, a las 23:37 me cambió la vida. Me dio un zurriagazo de casi 2 minutos que me puso un ojo pa Cuenca y otro pa Salamanca.


via GIPHY
Fue como si me abrieran en canal, un dolor indescriptible y noté que algo estaba pasando. No sé si es que el niño se encajó, descendió, me hizo un corte de mangas o qué, pero en ese momento vi claro que la cosa era bastante inminente. Medio tímidamente gemí un poco para que el maromo se diera cuenta. Pero se ve que no o que poco. Así que le llamé no sé si tras esa o tras la siguiente contracción que, por suerte, tardó en llegar 4 minutos, lo que me dio oportunidad de recomponerme pero, oh, eso fue un oasis en el desierto ya que, a partir de aquel momento, EMPEZABA LA FIESTA.

Como podéis ver en el gráfico, tras la contracción de consolación de las 23:41 las contracciones empezaron a sucederse cada 2-3 minutos durante casi un minuto. ¡Así no hay quien pueda! Así que en la contracción de las 23:48 le dije al maromo que por favor llamar a su hermana para que viniera a quedarse con el churumbel porque, aunque fuera una falsa alarma (muy dolorosa eso sí) tenía bastante claro que había que ir al hospital. Esto se lo dije básicamente para que no me diera el coñazo en el muy improbable caso de que fuéramos para nada. Pero estaba flipando. A partir de las 23:55 veo que las contracciones duran más o menos 30 segundos. La verdad es que me parece poco para lo que yo sentía y no sé si es que en esos momentos me limitaba a marcar cuando empezaban o si dolían tanto que se hacían más largas que un día sin pan. La cosa es que seguían siendo cada dos minutos (hay algunos intervalos de tiempo mayores pero porque no las registré ya que estaba que se me iba la pinza ya) y que el dolor era absolutamente insoportable. Al ser tan seguidas además, no me daba tiempo a recuperarme y temblaba entre contracción y contracción.

Como soy muy fina y poco escandalosa y quejica (ole, ole, ole) el maromo hubo un momento en que me dijo “pues tampoco te veo tan mal”. Si las miradas mataran, le habría fusilado pero mantuve mi dignidad y le espeté “pues estoy sudando como un pollo y no controlo mi cuerpo porque no dejo de temblar”. Pelín callado se quedó.


Mirada de parturienta a marido digamos desatinado. (via GIPHY)

Mis miedos en aquel momento:

1- no me van a poner la epidural
2-¿y si se me cae el bebé por el camino? ¡quiero estar ya en el hospital! ¿por qué no han inventado aún el teletransporte?
3-y si llego y me dicen “uy, pues solo estás de 3 centímetros”; alguien puede morir
En alguno de esos miedos acerté, ahora lo veréis. Y casi acierto en dos, de hecho.
Minutos antes de las 00:10 llegó mi cuñada. Como para mí el tiempo contaba en función de las contracciones, se me hizo etennnnna la espera. No pude ni mirarla de los dolores que tenía. El Santo sénior bajo a sacar el coche del garaje y acordamos que nos veríamos en la calle, que era más cómodo para mí. Aguanté una contracción en casa para que me diera tiempo a bajar del tirón pero noooo. En el ascensor me dio otra y no podía ni salir. Y justo montándome en el coche una más que me hizo salir como un resorte y montar la escenita con público incluido que pasaba por la calle. Una vez superada, allí que nos fuimos. Por suerte, al ser de noche, no había nada de tráfico. No me pude poner el cinturón y di gracias a Dios porque el asiento estaba totalmente echado para atrás. Me senté y coloqué el cuerpo estratégicamente apoyando distintas partes en distintos puntos, rodilla en salpicadero, codo en ventanilla y me agarré que casi lo arranco al asidero típico que queda por encima de la puerta. Así, hacía fuerza como para contrarrestar (ay, qué risa) el dolor de las contracciones. Mientras tanto, como el camino hacia el hospital es el mismo que hacia mi curro (camino hacia el matadero jajaja) le iba indicando al maromo (frena pero no pares que ese semáforo se va a poner en verde ya o mejor ponte en ese carril por si hay alguien en el otro al girar). En un par de baches que hay flipé locamente.
Una vez llegamos, dejamos el coche en la misma puerta de urgencias (gloria bendita) y había dos celadores esperando en la puerta con una silla de ruedas tamaño morsa. Vamos, todo hecho para mí. A duras penas me pude sentar en la silla y cómo estaría que dejé un pie apoyado en el suelo y no podían mover la silla ni yo levantar el pie. Nos llevaron a la típica ventanilla de ingresos. Sacar la tarjeta del seguro era para mí en aquel momento como escalar el Everest. Le dije a mi marido dónde estaba y me dio otra contracción que me puso de pie e hizo que me agarrara al mostrador. Respuesta de la persona que nos atendía: “no os preocupéis, ya si eso mañana bajáis la tarjeta. O pasado”. Creo que sintió miedo, mucho miedo.
Me suben al ala de maternidad y me encuentro a mi ángel de la guarda, Bea, la matrona con la que había estado por la mañana. Cómo me vería que cuando la chica que le acompañaba (no sé si otra matrona o enfermera) dijo que me pasaban a monitores ella dijo que nanai. Yo al oírla pensé que era pelín innecesario. Así que a la habitación directa. Avisaron a la gine. Dos veces, así estaba yo no es que tardara la mujer. Y, mientras, que me quitara la ropa. Pero ¡si no puedo! Mi marido dejándome en pelotillas, todos hablando, yo sin enterarme de nada y les suelto ¡por favor, no habléis!”. Mi marido dice que en realidad fue “¡callaos, por favor!” pero todos sabemos que a veces le sale el ramalazo exagerao que tanto se achaca a los andaluces. En cualquier caso me disculpé inmediatamente. Previamente había pegado puñetazos o meneos al piecero de la cama. Es que era muy loco todo. Debe ser eso que denominan como muy “animal” porque desde luego yo estaba hecha una fierecilla indomable.
Llegó la ginecóloga, otro ángel de la guarda. Me hizo un tacto. Para mí que le cupo hasta el codo. “Estás en completa”. Y yo, menos mal, pensé. El temor de estar sufriendo pa na no se cumplía. A Dios gracias. A todo esto mi marido entendió “estás incompleta”. Veis, para mí que no se enteraba mucho jajaja. La ginecóloga me dijo que porque no tenía rota la bolsa que si no igual no llego. Ups, casi se hace realidad uno de mis temores. Entonces llegó la sentencia: “no te vamos a poner epidural. Peeeero sí anestesia raquídea”. Uf, menos mal. Este temor sí se cumplía pero se subsanaba. Así que, a paritorio a esperar al anestesista, el único especialista que estaba de guardia localizada, no presencial. “No te preocupes, que vive cerca y viene en moto” me dijo la ginecóloga mientras me abanicaba y yo le arrancaba el brazo e imploraba “¿tú me vas a ayudar?”
Con mucha dificultad pasé a la silla de ruedas y después a la cama de paritorio. La ginecóloga me dijo “entre contracción y contracción bien, ¿no?” Pero nooooo. Yo creo que como todo fue tan rápido y brutal el cuerpo ya no me respondía, se quedó contracturado, sobre todo la espalda, obviamente. Y el peor sitio porque me impedía moverme. Me dolía todo el rato.
Finalmente llegó el anestesista. Lo que me costó moverme y colocarme en la posición adecuada para que me pinchara no lo sabe nadie, pero las ganas que le puse tampoco. Estaba deseando sentir un poco de alivio. La cosa es que yo podía perfectamente haber parido antes pero como además me tenían que coser sí o sí (el parto de El Santo me dejó aquello digamos mejorable), lo suyo es que me anestesiaran. Y desde luego, qué maravilla. Hace efecto inmediato, de ahí que fuera esta la elegida porque en cuanto estuviera puesta empezaría a empujar, pero dura menos así que para recuperarme fue estupendo. Además, según me comentaron, no duerme tanto la zona. Yo sentía las contracciones perfectamente así que podía empujar con facilidad.
Me dijeron que iban a ser tres empujones pero yo, tras mi primer parto del horror y pese a lo a toda leche que iba todo, no me lo creía. Pero, efectivamente, así fue. En un ambiente supertranquilo, respetuoso y relajado con música de fondo y conversación  a poco más de 3 cuartos de hora de entrar en el hospital llegó El Nuevo tras 3 empujones, llevándose con su hermano 3 años y 30 horas. ¿Será por algo que el 3 es mi número favorito?

¡Bienvenido al mundo!

¿Cómo fueron vuestros partos? No temáis a los segundos, que se caen 😉

9 besos y 1 abrazo

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Comments (16)

  • lapsicomami

    octubre 11, 2017 at 8:27 am

    Pero qué arte tienes, nena. Tu fan, todo el rato.
    Comparto tus miedos de cara al parto, uno a uno.
    Pero qué maravilla que el expulsivo fuera tan light.
    No había oído hablar de esa anestesia… preguntaré.
    He llorado al final. Leer partos y no llorar es imposible, aunque estén contado con tu arte.
    Besitos mil, hermosa.

    1. nuria_nueve_meses

      octubre 12, 2017 at 9:52 pm

      Gracias, guapa. Un honor viniendo de ti. La anestesia que me pusieron, al parecer, en el hospital público de aquí no la ponen así que el expulsivo hubiera sido a pelo. Menos mal que di a luz en otro sitio. Buuuffff jajaja.

  • Lorena Santamaria

    octubre 11, 2017 at 1:42 pm

    Ayy qué emocionante leerlo!Yo en cuanto pueda me animo con el segundo, mi primer parto fue estupendo así que espero que el segundo no sea menos. La foto preciosa, vaya regordete tan bonito!

    1. nuria_nueve_meses

      octubre 12, 2017 at 9:46 pm

      El Segundo, ¡mejor todavía! Anímate, sí. Gracias por pasarte.

  • La maternidad de Krika en Suiza

    octubre 12, 2017 at 1:20 pm

    Jajajaja,ay nena que me reparto contigo. Que le entró hasta el codo dice! Cosita más bonita, eso sí. Un beso guapa!

    1. nuria_nueve_meses

      octubre 12, 2017 at 9:46 pm

      ¡Gracias, guapa!

  • Alicieta

    octubre 12, 2017 at 8:33 pm

    Que me encanta leerte!!
    Como me recuerdas a mi, aunque tu tienes esa chispa de gracia al plasmarlo en palabras…salvo por la anestesia, parece que hayas descrito mi segundo parto, hace ya 3mese y todavía me salen las lágrimas al recordarlo, corto pero muuuuy intensi

    1. nuria_nueve_meses

      octubre 12, 2017 at 9:43 pm

      Efectivamente, corto pero muy intenso. La verdad es que fue muy emocionante aunque también muy doloroso físicamente, las cosas como son.

  • Paula

    octubre 16, 2017 at 6:55 am

    Qué bonico! Lo de incompleta me ha matao, Ja jaja…
    Por dió, que alguien se apiade de mí y me impida leer más historias de partos, que me entran ganas de ir a por el number 3.

    1. Nuria

      octubre 16, 2017 at 10:17 pm

      Lánzate locamente. Yo lo haría. Y sería “incompletamente” sensata la cosa.

  • Mamagnomo

    octubre 18, 2017 at 7:18 am

    He podido morir de risa jajaja vaya pasada no?? A mi no se meha cae ni uno. Ni el cuarto, vamos. Yo estoy con el relato del mío. A ver si lo publico hoy! Besis

    1. Nuria

      octubre 19, 2017 at 11:00 am

      A ver si se te cae el 5º . Me alegro que te haya divertido. Deseando leer el tuyo.

  • diasde48horas

    octubre 18, 2017 at 8:11 am

    Ay, qué suerte que el expulsivo fuese tan rápido. En mi caso mi segundo no se cayó, de hecho me hizo un desaguisado considerable… pero claro, era el segundo pero el primero vaginal. El pobre tuvo que hacer sitio por donde pudo jejejeje

    1. Nuria

      octubre 19, 2017 at 11:01 am

      El 3º tiene el camino hecho Que bien que pudiera ser vaginal tras la cesárea.

  • Pilar

    octubre 25, 2017 at 8:15 pm

    Ay que parto tan rápido y bueno. Me alegro mucho de leer que pudiste tener parto natural y vaginal tas una cesárea! El Nuevo es preciosísimo!!

    1. Nuria

      octubre 29, 2017 at 8:00 pm

      Muchas gracias. El parto de El Santo también fue vaginal, por suerte me he librado de la cesárea en ambos casos. Aunque la cesárea me la hicieron prácticamente en los bajos en el primero porque al usar fórceps…

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