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La Navidad y sus parques temáticos (del jorror)

Ya están aquí, tus riñones lo notan, lo sienten (porque uno te lo vas a dejar por el camino): los “cacharritos” y chiquilandias han llegado de nuevo a tu ciudad. Las atracciones de Navidad, el infierno en vida para padres, el ocio a precio de caviar en su versión al aire libre donde la broma te puede salir a 50€ la hora si no limitas y acotas. O bien a 6 € la hora si te metes en una cueva enorme y plasticosa en la que temes perder a tu hijo en todo momento y sudas más que en una sauna. Ahí lo que te sale cara es tu salud física y mental.

Momentos dramáticos se viven entre que el niño no es capaz de elegir en cuál de los múltiples cacharritos se quiere subir y que luego no le sacas de ahí ni con agua caliente. Recuerdo yo una época en la que “mimayor” no regía aún suficientemente para atenerse a mis amorosas explicaciones sobre que a fin de mes hay que comer y con cada rato de cacharrito nos daba para medio menú. Y mi diciembre se basó en circunvalar la ciudad para evitar pasar por las atracciones de Navidad.

Lo peor de las atracciones de Navidad:

Si, es innegable, las atracciones de Navidad son un invento del maligno entre cuyos puntos más mortíferos, además de gestionar a tus hijos en ellas, destacan:

  • Luces capaces de destruir la retina más potente
  • Ruidos que te dan ganas de arrancarte los tímpanos
  • Niños como endrogaos de un lado  para otro, que no son capaces de encontrar a sus padres teniéndoles delante (esto es prototípico de las carpas)
  • Con lo que te gastas a lo largo de las fiestas podríais comer varios días
  • Empujones varios por ser el primero y colas variadas

Lo mejor de las atracciones de Navidad:

Pero bueno, no vamos a ponernos en plan Grinch. Ya que la Navidad nos fuerza al felicismo constante y hacer muchos planes e incluso manualidades navideñas antes de que cierre el año, aprovechemos que tenemos plan para varias tardes y quedémonos con lo positivo:

  • Sentirte una superheroína si tu hijo se va del lugar sin liar la pajarraca. Ese sentimiento de madre del año no tiene precio
  • Normalmente caen redondos en la cama.
  • Ver su carita de felicidad. El día que encima por lo que sea ponen cara de estar oliendo un pedo a lomos del autobús mecánico de turno, te da medio ictus, pero bien.

Coches de choque

Plan de ataque para sobrevivir a los cacharritos navideños:

Demorar el estreno lo máximo posible

Para hacer negocio, cómo es lógico, los ponen casi en verano semanas antes. Si abres la veda, tendrás que pasarte días sorteando el lugar, circunvalando la ciudad para que tu hijo no vea esa droga lumínica y sonora de camino a cualquier parte. Suelen estar ubicados en el centro estratégicamente.

Pactar

en cuántos cacharritos se puede montar cada vez. Aquí son dos. Te sirve para hacer cuentas, aunque en nuestro caso muy básicas

Dar mucho el coñazo

De camino, sin amargarle la vida a las criaturas, se les recuerda el número de viajes que tienen. Aunque sea una caca para ellos hay que transmitirles que es maravilloso. Cuando se vayan a montar en el último, recordárselo para que se hagan a la idea y no haya pollo (o minimizarlo).

Facilitar la salida

Lo mejor para conseguir que el niño quiera salir por sí mismo, es esperar a que se deshidrate y le pueda más la necesidad fisiológica que la dopamina producida por luces, música infantil de los 80, hinchables, gritos e inhalación de sudores infantiles (y no tal infantiles), le producen.

Por cierto, estoy convencida de que esa música de antaño no es accidental. La ponen para despertar emociones en los padres y que nos enternezcamos recordando nuestra infancia de forma que no nos duela tanto dejarnos el parné por nuestros hijos.

¿Frecuentáis estos lugares o sois más de circunvalar el país?

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