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Viajar en avión II (bebés mayorcitos)

El año pasado, cuando El Santo contaba con menos de 5 meses de vida, nos lanzamos a la aventura él y yo, mano a mano, solitos, y nos montamos en un avión. Otros vuelos han venido después y, la verdad, todos fenomenal. Por ahora. Este año teníamos algo de miedo, en primer lugar porque, claro, el tamaño del bicho ya es considerable. Si el año pasado cabía prácticamente totalmente tumbado en un asiento, este año ya imposible. De forma que nos temíamos las pataditas llenas de amor que pudiera darle al vecino de vuelo. En segundo lugar, el año pasado contábamos con efecto lirón, es decir, sabíamos que lo más probable era que cayera sopinstant todo el vuelo. Y, finalmente, el nivel de estímulos que necesita un bebé de 5 meses y uno de 16 no tiene parangón: seta frente a hiperactividad.

Los mierderconsejos que seguimos el anterior verano nos siguen resultando últiles pero añadiría, actualizándolo por edad, lo siguiente:

 acortar el tiempo que el niño está sentado, porque se le puede hacer muy pesado. Para esto hay dos opciones:

*maniobra finger (solo disponible si van mínimo dos personas con la criatura): el acceso preferente cuando se viaja con niños está muy bien y no. Me explico. Si entras antes al avión alargas el vuelo hasta incluso media hora (dada la torpeza de cualquier ser humano con independencia de su sexo, credo y raza para montarse en un avión). Pero, si accedes tarde corres el riesgo de que no haya espacio para colocar el equipaje de mano que, valga la redundancia, querrás tener más a mano que nunca. Lo que se puede hacer es que una de las personas que viaja con el bebé entra en el avión y coloca el equipaje de mano y la otra hace tiempo en el finger; ahí se puede estar de pie, coger al niño en brazos, enseñarle lo que se ve… En fin, mucho más entretenido.

*opción cola del avión. Es otra vertiente de la maniobra finger que, sí bien tiene desventajas, es ideal si se viaja solo con un bebé. Si pedimos que nos sienten en la última fila del avión (y no hay acceso por la parte de atrás) podemos estar de pie hasta que arranque e incluso movernos un poquito. De esta forma se acorta el tiempo que está sentado el infante. Además, al no haber pasajeros detrás, se pueden reclinar los asientos a su amor. La desventaja es que en teoría hay más ruido y se notan más las turbulencias. En el penúltimo vuelo esto fue lo que hicimos y, la verdad, ni ruido excesivo ni turbulencias. Si no has facturado equipaje y eres un cagaprisas (como yo), ten en cuenta que tendrás que esperar a que todos tus compañeros de viaje salgan del avión.

 llevar juguetes varios y dosificarlos, es decir, ir sacándolos uno tras otro, no a la vez. También sirve para entretenerle las revisas que a veces hay, el menú, las indicaciones en caso de emergencia… El Santo no necesitó apenas juguetes en los dos últimos vuelos, con 16 meses, porque con las revistas y demás se entretuvo en el primer vuelo y, en el segundo tan solo necesitó un rulo, si, de los del pelo, a su madre haciéndole monerías y, pasado un rato, al público formado por los pasajeros de la fila de detrás con los que se lo debió, y digo debió porque yo no lo veía, pasar pipa.

En una semana, volamos de nuevo pero ya no nos da tanto miedo. Mala cosa porque cada vez que algo parece que funciona, cuentas lo bien que va o se te pasa en canguele… zasca, en toda la boca, por hablar.

Y a vosotros, ¿os da miedo volar con los peques? ¿qué truquis utilizáis?

¡Feliz vuelo!

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