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Educar sin premiar ni castigar

Educar sin premiar ni castigar… “Pues ya me dirás cómo porque…” estarás pensando. Pues sí, te doy toda la razón. Por eso creo que es importante que veamos que no dependemos de premios y castigos en educación. Podemos hacer las cosas de otra manera, mejor. El problema es que los padres y maestros no estamos suficientemente capacitados para educar al adulto que queremos que sea nuestro hijo/alumno. No tenemos suficiente conocimiento del desarrollo de los niños y adolescentes, no entendemos por qué los niños se portan mal, nos supera el día a día y estamos mental y físicamente agotados… ¿Hace falta que siga? En el caso del maestro se une una ratio (número de alumnos por aula) absolutamente de locos para lo que se les dice que tienen que conseguir con los alumnos. Milagros, a Lourdes. Con mucho que mejorar, creo que les pedimos a los maestros que sean superhéroes.

Por qué usamos premios y castigos en educación:

-son las herramientas de las que disponemos porque nos han educado así -es fácil y rápido -es efectivo, funciona (ojo, a corto plazo, pero lo es) -acompaña más las emociones que sentimos, bien la alegría cuando nuestros hijos hacen algo como queremos, bien la ira cuando ocurre lo contrario -entendemos mal el concepto de autoridad y de disciplina -estamos sobrepasados y  no disponemos de tiempo, o lo organizamos bien, para educar -no planificamos la educación de nuestros hijos más allá de la “formal” (colegio, academia de idiomas, extraescolares, deportes…)

Qué consideramos premios y castigos en educación

Tipos de premio:

               -Alabanzas, palabras bonitas. “Eres el mejor”.

               -Muestra de conformidad con lo que ha hecho el niño. El clásico “muy bien”.

               -Premios y regalos materiales (“si te portas bien en casa de los abuelos te compro un

                muñequito/chuches…”)

               -Premios de actividades (“iremos al parque de atracciones si apruebas todo”).

  • Uso del refuerzo negativo*: retirar algo que puede ser negativo para el niño. Por ejemplo, si haces los deberes a tiempo no tienes que sacar la basura o si te callas te dejo de pellizcar.

Tipos de castigo:

  • Castigo negativo*. En general, se suele usar retirando privilegios, quitando algo bueno para el niño:
    • a la cama sin cenar
    • no tomar postre
    • castigar sin salir al parque, ir a un cumpleaños o ver la tele
    • retirar algún juguete que le gusta
  • Castigo positivo*. También se puede castigar aplicando algo desagradable tras la conducta inadecuada:
    • Menospreciar
    • Amenazar
    • Gritar
    • Pegar

*La denominación de positivo y negativo en ambos casos no viene de que sean buenos o malos sino de que “den” o “quiten” algo, respectivamente. El segundo tipo de castigo, llamado “positivo”, está mal visto socialmente. De hecho, agredir a un niño está penalizado. Caemos en él porque no sabemos gestionar nuestra ira, frustración, deseperación…. El primero, llamado “negativo”, se considera útil y necesario (por desgracia). Igualmente es una falta de respeto y no genera enseñanza. El niño puede que deje de hacer algo de forma inmediata, pero no está aprendiendo qué SÍ debe hacer en lugar de eso ni nos aseguramos de que no repita el mal comportamiento.

Problemas de usar el premio y el castigo en educación

Ambas herramientas parecen muy distintas. El castigo obviamente es algo malo porque molesta. El premio, al contrario, agrada. Pero, al final, ambas se utilizan para lo mismo: reducir/eliminar o generar comportamientos en los niños. El castigo, sobre todo el positivo, ya causa rechazo. El negativo… estamos en proceso de que empiece a causarlo. Los premios, sin embargo, nos parecen nuestros mayores aliados así como muy educativos. Confundimos premiar, reforzar, con ALENTAR y MOTIVAR.

Consecuencias negativas del uso del premio en educación:

  • Al retirar el refuerzo puede dejar de darse el comportamiento.
  • El premio depende de cómo valoremos los adultos el comportamiento lo que puede resultar injusto para el niño.
  • Búsqueda de la afirmación fuera del propio niño.
  • Autoestima dependiente de la aprobación ajena
  • Acabar con el afán de superación. Es decir, que el niño no se esfuerce por mejorar sino por la recompensa.
  • Temer atreverse a más puede ser una consecuencia del refuerzo. Al transmitir que haciendo algo “eres listo” o “me gusta” puede que el niño tema hacer otras cosas por no dar la talla.

Consecuencias negativas del uso del castigo en educación:

Por alguna extraña razón sentimos que si el niño no lo pasa mal, no aprende, no se va a reconducir y a no repetir el comportamiento que hemos penalizado. Pero realmente, si pensamos en cuando nos han castigado a nosotros, hace 20 años o recientemente, el castigo no hace que tengamos ganas precisamente de mejorar.En Disciplina positiva se habla de que el uso del castigo puede hacer que los niños acaben con una o varias de estas actitudes:

Las 4 “R” del castigo

  1. Resentimiento: sentimiento de injusticia y pérdida de confianza en el adulto
  2. Revancha: ganas de vengarse cuando sea posible
  3. Rebelión: repetir el comportamiento castigado o bien otros inadecuados
  4. Retraimiento:
    1. disimulo: hacerlo sin que les pillen
    2. baja autoestima: sentirse mal por lo que han hecho

(Basado en Cómo educar con firmeza y cariño. Jane Nelsen.) Está claro que no usamos ni el premio ni el castigo con intención de dañar, sino de ayudar a nuestros hijos. Nuestra intención como padres y educadores es formar a nuestros pequeños, educarles para que se desarrollen de forma integral, para que sean felices y adultos capaces y competentes. Pero, en mi opinión, tanto el premio como el castigo son formas de manipulación de los niños. Al final, lo que queremos es que hagan lo que a nosotros nos parezca, sin solicitarles ayuda, sin trabajar con ellos. En el caso del premio nos cuesta más entender que pueda haber algo malo. Pero, la realidad es que los premios son la otra cara de la moneda del castigo. Por otro lado, tampoco creo que debamos cosernos la boca para nunca alabar a nuestros hijos porque sería antinatural. Igual que es imposible que nunca castiguemos de forma alguna, con un grito o amenaza cuando ya no podamos más. No pasa nada.

Nuestros hijos no quieren padres perfectos.

Igual es el momento de que nosotros tampoco queramos hijos perfectos.

madre e hijo

Y entonces, ¿cómo educar sin premios ni castigos?

Creo que lo primero y más importante es que revisemos por qué usamos estas estrategias, si por herencia, por poco autocontrol… y veamos si realmente es lo que queremos hacer con nuestros hijos. Esta claro que renunciar a estas herramientas supone un proceso porque las tenemos  muy automatizadas y necesitamos una base, llamémosla conceptual, desde la que partir. Es decir, no basta con dejar de premiar y dejar de castigar. No se trata de pasar de ser permisivo a la nada o de dejar de ser autoritario para volverse permisivo.

Tanto el autoritarismo como la permisividad enseñan IRRESPONSABILIDAD.

Truquis para educar sin premios:

Personalmente me cuesta no caer en la alabanza pero estoy consiguiendo sustituirlo por algunos de los trucos de los que hablé en este post. Sobre todo intento:

  • No decir nada, por muy la madre de la Pantoja que me sienta.
  • Hacer preguntas (“¿Cómo crees que te ha salido?”, “¿Estás contento con lo que has hecho?” “¿Qué parte te gusta más (si es un dibujo)?”, “¿Podrías haberlo hecho de otra forma? ¿Cómo?”) de manera que sea él el que se evalúe y disfrute de lo hecho y saque propuestas de mejora.
  • Describir lo que está haciendo (“anda, si ya te estás vistiendo”.)

Por otro lado, tengo claro que no es necesario sino más bien poco educativo comprar cosas a los niños. Ni porque sí, ni porque hayan hecho algo. De hecho, prefiero comprárselas porque sí en todo caso, no condicionarlas a nada, aunque procuro reservar los regalos para fechas y momentos especiales. Ojo cuidado que me cuesta, que tengo que parar y pensar.

Truquis para educar sin castigos:

Creo que lo más importante para evitar el castigo son dos cosas: buscar el éxito en la interacción del niño (no en el resultado) y reducir nuestras expectativas. Como podéis ver, ninguno de los dos aspectos implica que el niño acabe haciendo lo que nosotros queremos (je, je, je, ya lo sé, NO). Lo que intento es tener expectativas ajustadas y realistas de lo que va a pasar y, si la cosa se pone chunga, intentar sacar un aprendizaje (tanto mío como del niño) de la situación. Así, me frustro menos y no me sale la leona que llevo dentro queriendo impartir “justicia”. Para ello, lo que yo procuro hacer es:

  • Enfocarnos en soluciones para que no pase lo mismo de nuevo (que pasará seguramente). Es decir, qué podemos hacer la próxima vez
  • Enseñar habilidades, muy poco a poco.
  • Buscar la cooperación del niño:
    • hacerle preguntas en lugar de darle órdenes
    • hablarle mirándole a los ojos
    • pedirle que me diga lo que ha entendido de lo que le he pedido/explicado (evitamos que se “hagan los locos” o malas interpretaciones)
    • dar opciones limitadas (“¿prefieres vestirte en tu cuarto o en el baño?”, “¿quién quieres que apague la tele, mamá o tú?”
    • decirle lo que SÍ puede hacer, en lugar de lo que NO ( “tenemos que hablar bajito porque los vecinos tienen un bebé”, “podemos correr en el patio”
    • funcionar con una tabla de rutinas (esto, en casa, es mano de santo para los momentos críticos)
  • Respirar hondo o retirarme cuando veo que voy a explotar
  • Callarme todo lo posible para no: dar sermones, amenazar…
  • Ser firme pero amable a la vez
  • Hacer demandas muy concretas y asumibles por el niño
  • Darles tiempo (muchas veces, transcurridos unos minutos hacen lo que se les ha solicitado, se tranquilizan…)
  • Dar las gracias
  • Evitar entrar en luchas de poder
  • No penalizar errores sino ayudarle a resolverlos (por ejemplo, si tira la leche la recoge, pero yo tengo que enseñarle a hacerlo)

Por supuesto, hay muchas más herramientas y posibilidades. En este post profundizo más en cómo hacer que los niños se porten bien según mis valores y filosofía educativa y existen otras tantas. Y no dudéis ni un segundo sobre si pierdo los nervios y la c*g*. La respuesta es SÍ. Cada vez menos, o soy más consciente de ello. Pero sé que me va a pasar siempre y lo asumo con naturalidad. O al menos lo intento. Si os interesa educar de otra forma, pensando en el largo plazo, el aprovechar el día a día para ayudarles a construirse en el adulto que os gustaría que fueran, os recomiendo bibliografía en este post así como que sigáis el proyecto enfocado en la Disciplina positiva que he iniciado con mi amiga Alhu. Estamos en Instagram como @disciplinapositivacordoba Si te apetece unirte, este miércoles 6 de marzo comenzaremos en esa cuenta la lectura compartida del libro Cómo educar con firmeza y cariño. Leeremos 3 capítulos a la semana y cada martes compartiremos aprendizajes, frustraciones, aspectos que no nos queden claros, experiencias de éxito… sobre lo leído. Por otra parte, cada jueves propondremos un reto educativo, una meta de mejora como p/madres para intentar durante el fin de semana. Los domingos, veremos cómo ha ido.  

¿Utilizáis premios y castigos? ¿Qué os parecen las alternativas que intento usar yo? ¿Cuáles usáis vosotras?

Si te ha gustado esta entrada, me encantaría que me dejaras un comentario. ¡No sabes la ilusión que me hace! Y ya si la compartes… ¡laperalimonera!

GRACIAS POR LEERME

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Comments (4)

  • Ana María- La mamá y el blog

    marzo 5, 2019 at 11:59 pm

    Hola!

    Lo primero felicitarte por el blog; soy maestra (sin colegio aún) y tengo una niña de 2 años y medio.

    Me encanta haber encontrado tu blog en el que hablas de la forma de educar y criar que llevo pensando desde antes de terminar la carrera, y la verdad que das palabras y conceptos a la manera que tengo de procurar que mi niña sea la mejor persona que pueda llegar a ser, y claro que a veces la paciencia parece que se acaba pero hay que pensar en el bien de esa personita que tenemos bajo nuestra responsabilidad y que nosotros le tenemos que enseñar el camino para que sea feliz e íntegra.

    De verdad, muchas gracias. Espero que si según día consigo trabajar de maestra encuentre compañeros como tú.

    1. Nuria

      marzo 6, 2019 at 8:25 am

      Muchísimas gracias por leerme y por tu tiempo en comentar y esas palabras de aliento tan bonitas

      1. Ana María- La mamá y el blog

        marzo 7, 2019 at 6:20 pm

        Hola!

        Muchas de nada, mujer 🙂

        Aprendo mucho leyéndote y no comento más veces porque en el móvil me parece un coñazo y cuando tengo tiempo se me olvida..

  • Nai

    abril 9, 2019 at 12:58 am

    Punto 1: a mí también me cuesta no comprarle regalos, la verdad es que les quieres tanto que les comprarías un planeta si pudieras XD al final si algo me gusta lo cojo y se lo doy para el cumple =P

    (perdón por los puntos pero soy de ciencias ^o^)

    Punto 2: soy rara. Siempre me lo han dicho, que le dejo hacer de todo, que no chillaba a los niños (cuando trabajaba de profe). Y sinceramente antes me preocupaba, me hacía sentir mal todo esto, pero ahora estoy tan segura de mí misma que estoy segurísima que estoy haciendo lo mejor para mi hija. Nunca la he dejado llorando en una esquina mientras le chillo lo mala niña que es. Jamás. Calma, explicaciones, descripción de la situación y las consecuencias de ciertos actos.

    Y muchísima paciencia, es todo lo que sirve…

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