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Por qué no es útil el castigo

Sí, lo sé, igual estás pensando que ya está aquí la listilla de turno… pero déjame explicarme, que creo que esto te va a gustar e igual hasta te convences, aunque no es esa mi intención, de por qué no es útil el castigo.

Por qué se usa el castigo

El castigo se usa por muchas razones, aunque no caigamos en ello. Entre otras porque:

  • Los adultos no gestionamos bien la ira y es una forma de descargarnos. ¿O acaso se castiga desde la calma? En plan “cariño, para expresarte mi amor y comprensión, ahora que estamos en un ambiente calmado pasadas 24 del conflicto y en una situación propicia para hablar creo que lo mejor es castigarte sin… Es para que aprendas. Me duele más a mí que a ti”. Va a ser que no.
  • Suele interrumpir la conducta que queremos detener inmediatamente. Y eso da gustito y nos hace creer que es efectivo.
  • Incluso tenemos interiorizado que es lo justo, que se lo merecen.
  • Hemos llegado a convencernos de que es el único medio de educar.
  • Nos tomamos los comportamientos de los niños como algo personal.
  • No tenemos otras herramientas educativas ni conocemos bien el desarrollo del niño ni qué hay detrás de sus comportamientos

… los castigos y las reacciones punitivas suelen ser contraproducentes, no solo en lo referente a la construcción del cerebro , sino también cuando se trata de conseguir que los niños cooperen.

Disciplina sin lágrimas, de Daniel J. Siegel y Tina Payne Brison. Os recomiendo muchísimo la lectura de este libro.

Por qué no es útil el castigo

A ver, que todo depende de nuestro objetivo. Si el objetivo es que el niño deje de hacer o haga en ese mismo momento, pues sí, es eficaz. A corto plazo, ojo (no genera aprendizaje). Pero para ello nos tenemos que pasar por el arco del triunfo el respeto al niño y que nos den igual las consecuencias o que realmente no estemos educando a largo plazo.

Pero, si la idea es educar (puf) o más bien tratar de que aprendan algo, he aquí por qué no es útil el castigo:

  • Al sentirnos atacados (por amenazas) nos ponemos a la defensiva lo que hace que no estemos receptivos a lo que nos quieran decir. Al niño le pasa exactamente lo mismo así que difícilmente va a atender a razones.
  • Cuando somos punitivos, el foco de atención pasa de la culpa interior emergente en el niño a la maldad suprema de sus progenitores o maestros que le están tratando mal (que es verdad aunque la intención no sea hacer daño). De esta forma, la criatura acaba justificando lo que haya hecho, sintiendo que los adultos son injustos…
  • Y es que los niños, cuando hacen algo mal, se sienten culpables. Pero es una culpa natural y saludable, valiosa por la incomodidad que produce. Y, si castigamos, gritamos, amenazamos no permitimos que esos pensamientos y sentimientos afloren.
  • En línea con lo anterior, perdemos una oportunidad maravillosa de aprendizaje. Porque señores, al cerebro pasar un mal rato no le gusta, de forma que esa sensación de incomodidad provocada por la culpa se desvanece rápidamente. Hay que aprovecharla para ayudarles a recapacitar y sermoneando y castigando se nos va la oportunidad. En absoluto se trata de culpabilizar, que es lo que solemos hacer. Se trata de que asocien su comportamiento inadecuado con los posteriores sentimientos negativos que aparecen por la culpa (cosa sobre la que no es necesario ni intervenir, es más, si lo hacemos, se acabó). Recordemos que las neuronas que se activan simultáneamente en repetidas ocasiones permanecen conectadas, crean una red neuronal (es la regla de Hebb, que mencionamos en el post sobre Por qué no poner la tele a tus hijos).
  • Si el niño no atiende a lo que ha hecho ni a lo que le hace sentir lo que ha hecho no desarrolla el autocontrol. De esta forma, el castigo no permite que desarrollen la autorregulación que hará que, aunque no haya adultos presentes, el niño acabe siendo capaz de regular su comportamiento.
  • En línea con lo anterior, el niño no se siente capaz, porque el adulto tiene que controlar su comportamiento.
  • No educa: con el castigo mostramos lo que no queremos que hagan, pero no les explicamos lo que sí deberían hacer ni por qué.
  • Por supuesto, el punto fundamental para evitar el castigo es la falta de respeto que supone. Enseñamos que los problemas se “resuelven” de forma unilateral, con agresividad… Además, realmente no disciplina.

¿Qué es un castigo?

Creo fundamental no terminar este post explicado qué identifico yo con castigo.

  • Castigo físico: azote, bofetada, zarandeo, pellizco… Afortunadamente esto ya cada vez menos gente lo reconoce, al menos verbalmente, como algo aceptable. Vamos dando pasitos. Aunque en la práctica… es otro cantar.
  • Castigo verbal: insultos (“¡eres tonto!”), humillaciones (“¡mira, es que no sabes hacer nada a derechas!”), gritar “¡QUE ORDENES YAAAAA!”)
  • Exclusión/aislamiento: apartar a un niño, mandarle a pensar, decirle que se vaya a su cuarto y similares.
  • Amenazar: “juguete que vea por el suelo, juguete que va a la basura”
  • Retirar privilegios/cosas: “si no haces lo que te digo, no vas a ir al parque”; “como no has hecho los deberes te quedas sin…”

En las próximas entradas del blog abordaremos qué consecuencias tiene el castigo y, a continuación, qué alternativas al castigo tenemos. Tal vez esa sea la manera de convencernos de por qué no es útil el castigo.

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Qué pena me da que todavía haya personas que piensen que para que un niño “aprenda” hay que hacerle sufrir. ⚡️ Entiendo que somos imperfectos y metemos la pata, que les hacemos sufrir a veces sin querer o incluso llevados llevados por nuestros miedos, inseguridades, heridas… Pero avalar esos métodos… o sea, decir que eso es lo que los niños necesitan… me parece tremendo. Amén de estar muy desactualizado. No, pero es que “funciona” dicen algunos. ¿En serio? ¿O solo interrumpe temporalmente la conducta (dejando además secuelas)? ⚡️ ¿El fin justifica los medios? Más aún, ¿acaso tratando con poco respeto u consideración al niño creemos que llegaremos a ese fin? Porque si el fin es que estén felices y seguros hoy y se conviertan en adultos estables, responsables, respetuosos, resiliencia… estoy convencida de que ese no es el camino. ⚡️ ¿Alguien en la sala que se motive cuando le tratan con desprecio, le hacen “aguantarse”, le castigan de alguna manera…? Yo creo que nos impulsa a mejorar sentirnos apoyados, escuchados, comprendidos cuando nos equivocamos, tenidos en cuenta, respetados… ⚡️ ¿Qué opináis? ⚡️ ¡ #BuenasNochesDelTirón ! ⚡️ #Escúchate y #PonteEnSusZapatos

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Comments (2)

  • Sabela

    enero 27, 2020 at 10:52 am

    Post interesantísimo! Muchas gracias. Pero porfa pronto otro con alternativas al castigo. Como mamá de dos (3 años y 16 meses ‍♀️) intento educar con lo poco o nada que se dé disciplina positiva ( quiero asistir a un taller pero en mi ciudad no tengo muchas opciones).Aunque creía que no utilizaba el castigo me he dado cuenta leyéndote que si lo hago en forma de amenaza (me lo tomaba como algo acto-consecuencia) intentare cambiarlo pero no se que alternativa utilizar
    Gracias por tu generosidad al compartir todo esto
    Y que difícil es esto se ser padres y querer hacerlo bien y educar y querer y jugar y llegar a tiempo a los sitios y dedicarnos tiempo a nosotros y a las amistades y al trabajo y a DORMIR……

    1. Nuria

      enero 27, 2020 at 2:22 pm

      Hola, Sabela. Muchas gracias por tu comentario y por leerme. Las consecuencias es muy difícil que no se conviertan en castigo, la verdad… y las amenazas, al final, son una forma de manipular el comportamiento también.
      Desde luego la labor de padres es inmensa y además hay que actualizarse más que cualquier aplicación del móvil porque los niños van necesitando cosas diferentes todo el tiempo.
      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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