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Por qué los niños se portan mal

Nos irrita mucho, como es normal, que los niños se porten mal. Pero es que, como también es normal, es lógico que se porten mal. Si por portarse mal entendemos comportamientos molestos para el adulto, vamos. Y por qué digo esto, porque, al final, el que dicta si un comportamiento está bien o mal es el adulto. Y voy más allá, cada adulto. Porque lo que para una persona es intolerable para otra no tiene importancia y a otra le hace hasta gracia. Interviene la personalidad de cada adulto, es decir, cómo nos han educado, nuestros valores, lo que nos parece permisible y lo que no… También influye, además, el lugar (no es lo mismo tirarse un pedete en el baño que en una comida familiar), nuestro estado de ánimo (si estoy cansado y el niño me pide jugar antes de dormir me sentará fatal), la situación (tengo más paciencia ante un comportamiento molesto en mi casa que en el súper con los cien mil hijos de San Luis juzgándome, digo mirándome). Una amalgama de factores que hacen que no todos consideremos los mismos comportamientos como negativos. Más aún, que hacen que un día algo no lo tolero y otro sí. Bastante lioso para los niños, ¿no? Y para nosotros mismos también ya que fluctuamos en la aceptación o no de comportamientos debido a que, normalmente,  no sabemos por qué los niños se portan mal.

La cuestión es que normalmente ante un comportamiento molesto se tiende automáticamente a pensar que el niño:

Niño señalado

  • es un maleducado
  • está enmadrado
  • quiere llamar la atención
  • te está toreando

Estas explicaciones son tan simplistas como poco empáticas con el niño y facilitadoras de buscar la mejora. No sirven y hacen que tanto padres como hijos nos sintamos mal.ue, comprender de dónde viene la conducta de nuestro hijo, puede ser de gran ayuda para no perder los nervios y construir a partir de una situación problemática. Ya que tenemos que pasarlo, que aprendamos algo al menos.

Por qué los niños se portan mal

Pero sí que hay una explicación para el “mal” comportamiento. Bueno, según la disciplina positiva, hay varias y son de sentido común.

  1. no sé que eso no se puede hacer (por ejemplo, no sé que si mi madre está hablando con una persona no debo interrumpir)
  2. lo que hago es normal para mi edad (mostrar impaciencia haciendo la compra a las 9 de la noche con el niño agotado es lo mínimo que se despacha; no podemos pedir a un niño de 3 años que aguante una sobremesa eterna sino que lo normal para su edad es que no sea capaz es decir que, en el primer ejemplo, quiera corretear o jugar después de comer)
  3. aún no he aprendido lo que tengo que hacer o cómo hacerlo, no tengo capacidad para hacerlo (un niño de 2 años no se prepara la cena solo)
  4. una expresión de desánimo (necesito casito, vamos, aliento y motivación)
  5. algún acontecimiento desagradable que hace que salgamos fuera de nosotros (que “reconectemos con nuestro cerebro primitivo” como explica Jane Nelsen en “Cómo educar con firmeza y cariño

Un niño que se porta mal, es un niño desanimado

Rudolf Dreikurs

un niño que se porta mal es un niño desanimado

Visto esto, seguramente estéis de acuerdo conmigo en que, realmente, los niños no se portan “mal” propiamente dicho. Están buscando su lugar a partir de las interpretaciones, muchas veces erróneas, de lo que observan. Creo que comprender esto es muy importante para poder guiar a nuestros hijos, buscar su colaboración y cooperación que es lo que al final hará que quieran portarse adecuadamente (según la situación, su capacidad…). Personalmente tener esto claro me ayuda a mantener más la calma porque no me siento tan provocada, amenazada, irritada, decepcionada o menospreciada.

No podemos olvidar que, casi siempre, detrás del comportamiento inadecuado hay un objetivo, un propósito, es decir, que el niño nos quiere decir algo. La finalidad última sería sentirse parte de algo, conectados, como hemos comentado anteriormente. Sí, aunque nos parezca que con ese comportamiento van a conseguir todo lo contrario. Su escasa experiencia y su cerebro aún no totalmente desarrollado les hacen coger caminos equivocados porque no interpretan bien lo que ven. Basándose en ello Dreikurs estableció

Las 4 creencias y objetivos erróneos de la conducta

  1. si el niño cree que solo se le tiene en cuenta cuando se le presta atención, buscará la atención.
  2. cuando el niño interpreta que solo se le tiene en cuenta cuando es él el que manda o al menos no se deja mandar, buscará poder
  3. en las ocasiones en las que directamente el niño siente que no se le tiene en cuenta, puede buscar vengaza (devolver el daño que siente)
  4.  un niño que se siente incapaz, no que lo verbaliza buscando atención, sino que está convencido de ello, se dará por vencido y se manifestará de forma pasiva

Cómo podemos gestionar el mal comportamiento

Grosso modo, para evitar comportamientos digamos socialmente desajustados es fundamental cooperar con el niño, buscar su colaboración. Primero, tengamos en cuenta que el niño intenta expresar cómo se siente a través de su conducta ya que no tiene capacidad de hacerlo a través de su lenguaje.

Muchas veces es sencillísimo resolverlo, de forma teórica, reflexionando sobre cuál puede ser el origen de ese comportamiento, de los 5 presupuestos anteriormente comentados. Por supuesto, luego hay que trabajar sobre el tema.

  1. no sé que eso no se puede hacer: en este caso hay que explicar qué, cómo, por qué SÍ hay que hacer. Lo destaco en mayúsculas porque tendemos a indicar siempre lo que NO hay que hacer, lo cual es poco motivador y además no orienta al niño.
  2. lo que hago es normal para mi edad: aquí, no nos queda otra que aguantar el tirón. Todos sabemos que salir a comer con un niño de año y medio es la muerte a pellizcos pero, a ver, qué remedio. O te quedas en casa o le paseas y entretienes. Estos comportamientos suelen ser los más frecuentes, es decir, el niño no se porta mal, sino acorde a su edad.
  3. aún no he aprendido lo que tengo que hacer o cómo hacerlo, no tengo capacidad para hacerlo: dedicar tiempo a enseñar y, en algunas ocasiones, esperar a que llegue su momento evolutivo. Lo ideal, en mi opinión, es ir anticipándonos un poco a su edad para ir introduciendo, poco a poco, nuevas habilidades.
  4. una expresión de desánimo: aquí es cuando los peques nos dejan patente que hay que alentar a los niños
  5. algún acontecimiento desagradable que hace que salgamos fuera de nosotros: en estas situaciones debemos acompañar a los niños. Es importante usar la anticipación para evitar sorpresas, procurar que no llegue un momento de hambre o de cansancio extremo porque todos sabemos lo que pasa ahí… se descontrolan. En casa nos resulta muy útil también tener una tabla de rutinas que establece lo que hay que hacer (previamente consensuado/explicado) ya que ella solita favorece que la criatura se reconduzca porque le orienta y da la pauta.

En segundo lugar y en relación con las metas equivocadas me parece fundamental desmostar la creencia errónea del niño. Para ello podemos preguntarle que por qué hace lo que hace. Con su ayuda, podemos saber por qué los niños se portan mal. Por supuesto no cuando estemos enfadadísimos y molestos con él, sino de forma sincera, con calma y mostrando interés. Con su respuesta podemos saber qué meta equivocada persigue y, a partir de ahí, intervenir. Más adelante plantearé una entrada sobre cómo hacerlo para cada una de ellas y qué estrategias tenemos en nuestra mano.

Por supuesto, nada de esto implica, más bien al contrario, permisividad, si bien tampoco ganamos nada con una postura autoritaria. En esta entrada tenéis algunas ideas sobre cómo hacer que los niños se porten bien.

¿Os planteáis en ocasiones por qué los niños se portan mal? ¿Observáis cuál puede ser el origen de los malos comportamientos para dar una respuesta más adecuada y realmente eficaz?

Fuentes (si pincháis en los enlaces podéis adquirir los libros):

Jane Siegel. (2007). Cómo educar con firmeza y cariño. Barcelona: Ediciones Medici.

Laura Markham (2012). Peaceful Parent, Happy Kids. How to stop yelling and start contecting. Nueva York: Penguin USA

Yo misma (2014 en adelante). Sobreviviendo a la (bi)maternidad. Córdoba y donde sea: Nueve meses y un día después

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Comments (9)

  • Sitalore

    julio 20, 2018 at 12:24 pm

    Gran post¡ muchas gracias Nuria!! Me ha hecho reflexionar… estoy leyendo el libro de Jane pero voy lenta. yo normalmente pierdo paciencia cuando tengo prisa…. y por desgracia hay bastantes momentos en nuestra vida que vamos a contrareloj

    1. Nuria

      julio 20, 2018 at 1:19 pm

      ¡Me alegro de que te haya gustado! Yo también tardé en leerme el libro porque es de empollar más que de leer jeje. Eso y la vida a contrarreloj que tú comentas, que no damos para más. Me pasa exactamente lo mismo que a ti, cuando más descontrol siento es cuando tengo prisa. Pero creo que vista la dificultad es más fácil buscar la solución. Muchas gracias por pasarte y por comentar.

  • Noemí

    julio 21, 2018 at 9:40 pm

    Yo sobre las preguntas que planteas sí reflexiono a menudo porque además de madre de 2 también soy maestra.¿Cómo es la tabla de rutinas que usas en casa?

    1. Nuria

      agosto 7, 2018 at 12:51 am

      Hola, Noemí. En la parte de destacados de Instagram tengo varios vídeos sobre las tablas de rutinas. Gracias por tu comentario.

  • Júlia

    octubre 30, 2018 at 10:30 am

    Hola Nuria, muchos padres entienden que un niño se está portando mal porque no hacen lo que ellos quieren. Obviamente un niño no va a aguantar las mismas situaciones que un adulto. Lo que debemos hacer es educar en positivo haciéndole saber cómo debe comportarse en cada momento dentro de sus límites. No pidas que el peque esté callado y quieto si estas en el supermercado a las 9:30 de la noche porque no lo hará, En este caso el niño si llora y patalea es porque tú no te estas comportando bien con el pidiéndole algo que no va hacer porque no es lo normal para un niño.

    1. Nuria

      noviembre 9, 2018 at 7:26 am

      ¡Totalmente de acuerdo, Julia! Tenemos que ser conscientes de lo que les pedimos y de si esas peticiones son realistas para su edad, capacidad, momento evolutivo… Gracias por tu comentario

  • Cambios después de ser madre – Nueve meses y un día después

    noviembre 12, 2018 at 7:01 am

    […] absolutamente mi paradigma educativo. Ha pasado de basarse en un modelo más conductista a otro más centrado en el niño. Si bien siempre he abogado por el respeto y buen trato a los miniseres, era más, cómo decirlo, […]

  • Educar en el siglo XXI, qué lío – Nueve meses y un día después

    noviembre 14, 2018 at 7:02 am

    […] probablemente desconocen el desarrollo evolutivo de los niños y los porqués sobre el “mal comportamiento” (más información aquí) […]

  • Cómo hacer que los niños se porten bien – Nueve meses y un día después

    noviembre 20, 2018 at 1:51 pm

    […] Dicho esto y dejando claro que esto no se trata de criar monos de feria, hay una serie de trucos que pueden ayudarnos a que nuestros hijos obedezcan primero y quieran obedecer, que es el objetivo final, después. Pero, primero, creo que es muy importante que leas este post en el que explico POR QUÉ LOS NIÑOS SE PORTAN MAL. […]

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